Depresión clínica en adolescentes

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, Chile es uno de los países que lidera el ranking mundial en depresión, estimándose en un 17,5 % de la población, un 7% corresponde a adolescentes; lo peor es que nuestro país tiene una de las tasas más altas de crecimiento de suicidios en niños y adolescentes. La causa más frecuente de suicidio es la depresión.

Problemas para relacionarse con sus pares, sensación de no ser comprendidos, cambios en sus cuerpos, la presión de los estudios y el rendimiento académico, pueden ser algunas de las razones por las cuales los jóvenes se sumergen en sí mismos aumentando el riesgo de padecer síntomas depresivos.

La depresión en un problema de salud mental grave que provoca un sentimiento de tristeza constante y una pérdida de interés en realizar diferentes actividades. Lo anterior implica un cambio en cómo interpreta la vida, cambiando su forma de pensar, de sentir y por ende de comportarse, como también puede provocar síntomas físicos.

La depresión para algunos es considerada una “debilidad”, este prejuicio puede significar no darle importancia a una señal, qué si no se trata, puede llevar a consecuencias graves incluyendo las fatales. Lo anterior a su vez, implica que no se puede superar con fuerza de voluntad. Para la mayoría de los adolescentes, un cuadro depresivo se logra manejar con terapia psicológica, cambios de hábitos: sociales, de actividad física y alimenticios (incluyendo suplementos alimenticios) y tratamientos farmacológicos.

Síntomas de la depresión clínica

Los adolescentes presentan síntomas de depresión diferentes a aquellos presentados por los adultos. Esta etapa de la vida, como ya se señaló, está marcada por cambios y presiones drásticas. Lo cual puede llevar a diferentes sentimientos y reacciones dependiendo de la personalidad en desarrollo de cada quien. Los principales síntomas son variados y no se presentan con la misma intensidad.

Cambios emocionales y cognitivos

Autoestima baja, sentimientos de tristeza, ira o frustración prolongados, incapacidad de disfrutar lo que le rodea. Se puede presentar episodios de llanto sin razón aparente. Estado de ánimo irritable o molesto todo el tiempo. Excesiva necesidad de aprobación y un nivel muy alto de autocrítica.

Cambios del comportamiento

Siempre empieza a manifestarse con la duración y calidad del sueño: insomnio e hipersomnolencia. Cambios en el apetito, desaparece o aumenta drásticamente. Angustia y actividades de ansiedad. Aislamiento social y apatía. Cambios en el comportamiento escolar, que puede incluir deterioro brusco en el rendimiento académico, comparado al habitual, que puede ser explicado en parte, por la falta de motivación y el deterioro en la memoria a corto plazo y la concentración. Autolesiones o intentos de suicidio.

Manejo y tratamiento

Lo primero es tratar de determinar si los altibajos en el estado de ánimo del adolescente forman parte de la vida o son el comienzo de una depresión. Antes de consultar idealmente los padres deben hablar con el adolescente, intentando determinar si él o ella son capaces de manejar sentimientos difíciles, por ejemplo, si se sienten abrumados con la vida, explorando su autoestima, si existe desesperanza o ideas de autodaño.

Si los signos y síntomas de la depresión continúan y comienzan a interferir en la vida del adolescente, sobre todo si aparecen conductas de riesgo, incluyendo abuso de sustancias o gestos autolíticos, es urgente pedir ayuda. Lo anterior implica consultar profesionales de la salud mental (médicos psiquiatras, psicólogos). Lo anterior también puede ser pesquisado por profesores capacitados o psicólogos educacionales del establecimiento.

A nivel de Salud Pública, todos los adolescentes que consulten por cualquier motivo en Atención Primaria, deben aplicarse un cuestionario de tamizaje para detectar depresión. Esta evaluación debe ser anual si el adolescente es hijo con padres con depresión, también si existen antecedentes de VIF (violencia intrafamiliar), abuso o negligencia.

El tratamiento debe incluir la promoción de estilos de vida saludables, como actividad física regular, alimentación sana y horarios de sueño adecuados.

Las intervenciones escolares deben realizarse previa autorización de los padres o tutores, así como el asentimiento del adolescente (respetando el derecho a la privacidad).

La psicoeducación debe realizarse a adolescentes y sus padres, tanto si existe sospecha de depresión o ésta está confirmada.

Las intervenciones psicoterapéuticas de primera línea son las realizada bajo los enfoques cognitivo-conductual e interpersonal (la psicoterapia tiene que ver con conversar periódicamente con un profesional).

Dependiendo de la gravedad de la depresión, se suma a la psicoterapia el tratamiento farmacológico. Se pueden utilizar los antidepresivos: sertralina, citalopram, escitalopram, todos ellos son inhibidores de la recaptación de serotonina. En comparación al resto de antidepresivos existentes, son los que mejor se toleran. A lo anterior se pueden agregar suplementos, previo análisis con exámenes que descarten hipotiroidismo o hipovitaminosis D, muy frecuentes en nuestro medio; en el caso de la hipovitaminosis D, existe mayor probabilidad en nuestro país, sobre todo si vivimos de Coquimbo al sur o si vivimos al norte de dicha ciudad, y nos exponemos escasamente al sol.

En los casos más graves, que no pueden manejarse ambulatoriamente, se debe plantear la hospitalización.

Dr. Carlos Encina Zamora. Médico psiquiatra.

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